lunes, 8 de junio de 2015
sábado, 6 de junio de 2015
jueves, 4 de junio de 2015
LOS MONJES CARTUJOS
LOS CARTUJOS
El
comienzo de la historia de la Orden de los Cartujos, mitad leyenda, mitad
realidad, acaece hacia 1084 cuando San Bruno y seis acólitos, se retiran a orar
en la búsqueda de Dios en el desierto de Chartreuse, siendo consentidos por el
obispo de Grenoble a construir un cenobio gracias al sueño que tuvo al visionar
siete estrellas que bajaban a la tierra.
La
Orden de los Cartujos, es a lo largo de casi diez siglos la que ha profesado en
la práctica más austeridad de todas las órdenes de la Iglesia Católica.
Fundada
por San Bruno en el siglo XI con el lema: “STAT CRUX DUM VOLVITUR ORBIS” = “LA CRUZ
INAMOVIBLE MIENTRAS EL MUNDO GIRA”, busca una vida de oración y contemplación y
a través de los votos de obediencia, pobreza y castidad, unidas al total
silencio, conducir a la unión espiritual con el Sumo Hacedor.
VIDA
MONACAL
Organización:
Un
padre Prior, es el responsable máximo, es el encargado de velar por el
cumplimiento de las reglas y de asignar las tareas generales para el
mantenimiento de la comunidad que realizan los monjes independientemente y que
quedan reflejadas en una tábula (tabla) artística y artesanal, colocada en la
recepción del Monasterio.
Un
monje procurador, que atiende las necesidades materiales de los residentes:
monjes y hermanos.
Viven
en la Cartuja dos clases de religiosos, los CARTUJOS propiamente dichos que
profesan y reciben la ordenación sacerdotal, pero exentos de la dependencia de obispos y
cardenales. Sólo obedecen a su propia jerarquía que emana de un consiliario en
contacto directo con el Vaticano. La segunda clase son los HERMANOS, que
atienden a las necesidades de los Monjes, divididos en Conversos (con votos) y
los Donados sin ellos.
LA
CARTUJA.
Generalmente
de gran extensión por las curiosas características eremitas que practican, así,
los lugares comunes como el Claustro, Sala capitular, Refectorio, Iglesia,
Dependencias de servicios, etc. Y, las celdas de los monjes que poco tienen que
ver con las ideas preconcebidas en otras órdenes.
Consta
la "CELDA" de una primera sala con un reclinatorio y un altar a la
Santísima Virgen, donde el monje reza cuando entra y sale de ella y otros
momentos de recogimiento, que son muchos. Un salón espacioso con una fuente de
calor y un escritorio para trabajar leyendo o escribiendo y otras funciones
intelectuales. Una sala dormitorio para el descanso, Un taller para prácticas
manuales donde según sus dotes practican la pintura, la encuadernación, la
carpintería, etc., un servicio con sanitarios (La ducha es un viejo artilugio)
y por fin, un huerto personal para el cultivo de verduras, hortalizas,
frutales, flores...para contribuir al mantenimiento del convento y el excedente
para obras sociales. Generalmente, puede haber un segundo piso que se utiliza
como leñero.
LA
COMIDA.
Por
regla general es servida por los hermanos a los monjes en su propia celda
pasándola mediante un ventanuco junto a la puerta a media mañana y por la
tarde.
Pescados,
legumbres, verduras y frutas componen su régimen donde la carne está
completamente prohibida (Aún en caso de enfermedad) y los huevos, leche y sus
derivados tampoco entran en su alimentación en épocas de Cuaresma y Adviento.
En los meses de Septiembre a Diciembre, sólo hacen una comida a día reservando
para la cena un pequeño panecillo o bollo. Una vez a la semana (Optativo el
día) pero generalmente el lunes, sólo ingieren pan y agua.
Se
reúnen para comer en el refectorio, los domingos y días de fiesta, sentándose
aparte los hermanos y donde se leen pasajes bíblicos. El vino, de su propia
cosecha, está permitido en pequeñas dosis.
EL
SILENCIO.
Proverbial
en el conocimiento general. Es el eje en el que se sustenta toda la vida
monacal. Es fundamental para la oración y la contemplación y la palabra sólo se
utiliza para el canto en los oficios.
Los
domingos y fiestas, después de la comida común, hay un período de una hora (no
es estricto) para hablar y cambiar impresiones generalmente sobre lecturas y
donde el padre prior aprovecha para compartir noticias sobre los
acontecimientos que acaecen fuera del monasterio ya que es el único con acceso
a la prensa. Otros medios de comunicación, simplemente, NO EXISTEN.
Un
día a la semana, los lunes, se hace un paseo de tres horas fuera del convento
donde pueden explayarse con la palabra, paseando en las propias extensiones de
la Cartuja o por otros lugares, incluso habitados, donde no pueden recibir nada
de los lugareños ni hablar con ellos.
El
GRAN PASEO, es un día entero fuera del Convento, con comida comunitaria en el
campo y que se celebra una vez al año.
La
regla de Silencio es tan estricta, que incluso no se emplea la palabra en los
trabajos comunitarios (Excepto lo imprescindible para el buen desarrollo de la
tarea). En el ir y venir por el claustro en los traslados (muchos) de sus
celdas a la iglesia para los oficios: maitines, tercias, sextas, nonas, etc.
también mantienen completo silencio.
VIDA
ESPIRITUAL.
Hacen
dos turnos de sueño. El primero desde las 8 de la tarde a las 11.30 de la
noche, acuden la iglesias y se acuestan de nuevo a las 3 de la madrugada para
levantarse a la 6 y media para comenzar las tareas del día.
Descontando
las horas de sueño, los trabajos manuales, comidas, aseo, etc., el tiempo de
oración y estudio es de 14 horas, repartidas mitad en la celda, mitad en la
iglesia.
Los
libros de coros guían el canto de los Cartujos con total ausencia de
instrumentos. La Santa Misa, el rosario y otros oficios, aparte de los
comunitarios, las realizan exclusivamente para ellos el altares (pequeñas
capillas) en los claustros menores.
LA
MUERTE
El
cementerio Cartujo, participa de la sobriedad y la pobreza que impera en la
Orden. El algún lugar del jardín del claustro, entre cipreses, unas simples
cruces sin inscripciones ni marcas, indican la presencia del camposanto.
A
su muerte, se cava una fosa en la tierra del patio y mientras se lava al monje,
se le colocan el escapulario-cilicio, el hábito blanco y se cose la capucha; en
una mortaja oscura y tosca se le envuelve y con unas angarillas por el claustro
se le lleva a la tumba abierta, no sin antes haber velado el cuerpo con monjes
pareados y un gran cirio a los pies. Tras los rezos se le deposita directamente
en la tierra.
CHARTREUSE.
Conocido
y de gran fama es el licor que ancestralmente se fabrican en las Cartujas.
El
Chartreuse, de exquisito sabor y alta graduación alcohólica (40-58º), según las
variedades verde, amarilla o blanca, está compuesto de alcohol puro de vino y
de las esencias de más de 150 plantas (53 de ellas crecen en los Alpes) y cuya
composición es un secreto tan bien guardado como el de cierta bebida espumosa
conocida en todo el orbe.
Todos
los beneficios obtenidos de su venta y distribución se destinan al
mantenimiento de los Monasterios Cartujos y el resto a obras sociales.
©Marcial-Jesús
Hueros Iglesias.
Mayo
2015
(El hautor, certifica, que después de sucesivas
revisiones, este artículo no contiene ninguna errata)
jueves, 28 de mayo de 2015
¡YERMOS CAMPOS DE LA ALBUERA!
CAMPOS DE LA ALBUERA
(A
LA BATALLA DE LA ALBUERA)
¡yermos campos de la Albuera!
Tristes campos de silencio,
Yacen rotos aquel mayo
¡Más de catorce mil sueños!
Roja y viva sangre joven
Mana muda, sin estruendos,
¡Cómo crece el chicapiernas!
Tiñéndose de rojo el lecho.
¿Pero dónde hay más tumulto?
¿En la tierra o en cielo?,
ciegos rayos que iluminan
a los soldados deshechos.
Roja y viva sangre joven,
Perdida sigue fluyendo
De los miembros mutilados
Que sólo aspiran a muertos.
Al relinchar de caballos
Y al entrechocar de petos
Muchos ramos de ilusiones,
Que van…tristes…sucumbiendo.
Y cuando se escapa el humo,
Acre, del arcabucero
Sobre los campos heridos
Entronizado, rie el fuego.
¿Cómo es tal la turbamulta?
Horror de la vida, infierno
Que van sembrando en la Albuera,
Los cuatro jinetes viejos.
¡Cómo la lluvia inclemente
golpea los escudos nuevos!
¡Cómo limpia las espadas
de la sangre de los cuerpos!
Trinos de los ruiseñores,
Que al cañón enmudecieron
Se fueron ciegos de pólvora
Y desde entonces no han vuelto.
Banderas flameando en lanzas,
De brillantes caballeros,
Serios que esperan llegue
Su turno de nuevos muertos.
¡Toda Europa en el “nogales”
todo el pueblo resistiendo
y la muerte que se goza
viendo ya “Capela” ardiendo.ç
Arriba en las “Baterias”,
Se va defendiendo el pueblo
Que impotente ve que vuela
“La casilla de Grajero”
Cañones en “las ventanas”
Escupiendo rabia y fuego
Donde se domina el campo
Que vivirá en el recuerdo.
En las mientes de los hombres
En las tierras de sus siervos
Para que nunca acaezcan,
Los avernos de aquel
tiempo.
Sólo en unas cuantas horas
En aquel Mayo funesto,
Murieron…cayeron todos
¡Catorce mil bellos sueños!
Donde susurraba el trigo
¡Sólo ayes y lamentos!
Y sobre el futuro pan
Hombres moribundos…!Muertos!
Pronto ya concluye un lustro
Y alguien que vuelve al pueblo
Sembrando va la esperanza
En aquel futuro incierto.
Cuando caminante, un día
Cruces por el puente viejo,
Echa tu mirada al aire
Verás un mañana nuevo
Y, acuérdate de estos hombres,
Que en aquel Mayo sufrieron
Y reza porque no vuelvan
A vagar uniformados,
Tantos hombres…Tantos
muertos.
19 cuartetos libres, uno por cada superviviente del
pueblo, 16 mujeres y un varón, uno por cada bando y el título por la casa que
se libró del gabacho.
16
de Mayo de 2.001
©mjh.My.01
LAS ADELFAS EN LA BATALLA DE LA ALBUERA
LA BATALLA DE LA ALBUERA: LAS ADELFAS.
Allá en la encrucijada donde confluyen los caminos,
que desde el Su peninsular se dirigen a Badajoz y Portugal, se ubica la pequeña
población de La Albuera, con unas pocas casas asomadas al río Nogales, donde
vivían una 250 almas que hasta aquel aciago día, dedicaban su existencia a
labores agrícolas o ganaderas, con la única preocupación de la salud y el pan
cotidiano de cada día.
| Iglesia de La Albuera |
| Los jóvenes combatientes |
Aquella mañana de Mayo, dos muchachos pescaban
jaramugos bajo en puente del Nogales, cuando de la dirección de Badajoz, vieron
como al cielo se elevaba una gran nube de polvo y un ruido, al principio
amortiguado, que fue ganando intensidad a lo largo de la mañana, hasta que
vieron llegar en lontananza más caballos de los podían contar en sus cortos
años de escuela, subieron la cuesta de la ribera para avisar a un vecindario ya
avisado.
Los hombres dejaron sus labores y las mujeres
comadreaban a las puertas de las casas, sobre el motivo del estruendo que venía
a turbar el monótono discurrir de sus existencias. Los muchachos corrían
alborozados a las eras nerviosos y espectantes ante la parada militar que
suponían se avecinaba, pero aquel cuerpo de ejército no iba a pasar desfilando
y enseguida mostraron su intención de sentar sus bases en el pueblo.
Primero el ruido de las caballerías que se difuminaban
en su mismo polvo; caballeros uniformados brillantemente, tocados de bruñidos
cascos con penachos de plumas al viento, lucidas charreteras y sables que
lanzaban destellos al sol del mediodía. Detrás la infantería marchando
marcialmente y seguidos de los cañones con sus formaciones de artilleros y
cerraban los carros de municiones, pertrechos y avituallamiento que acompañaban
un buen número de mujeres. Fueron tomando el pueblo y el río, montando
campamentos ordenados y sin mezclarse unos con otros.
Ellos no sabían bien contar tanto, pero las historia
dijo luego que habían llegado a aquella humilde villa unos 30.000 hombres, casi
2.000 caballos y eso si lo contaron 32 cañones.
En la iglesia se quedaron los que mejor vestían; eran
mayores y en sus voces y en sus gestos, demostraban que su costumbre era
mandar. La Historia diría, que el más orondo y canoso, con el pecho lleno de
medallas, era el General Beresford y con él los no menos laureados, Lardizábal,
Castaños, Zayas…y toda una camarilla de jefes y oficiales que impartían órdenes
a los ayudantes que partían hacia los campamentos envueltos en el denso humo de
las hogueras.
| Artilleros |
Se sucedían los días y nada parecía presagiar tan malos
augurios, la vida bulliciosa parecía normal en los campamentos y los franceses
no aparecían, como se esperaba, en el horizonte del Sur de Andalucía.
De Sevilla y de Córdoba, habían partido 20.000
infantes, con una caballería de 3.200 animales y arrastrando 40 cañones
pesados; infantes y caballeros franceses con la inclusión de los temibles
lanceros polacos del Vístula, famosos por su formación, valentía y violencia.
En los alrededores de la población, en el campamento
norte, un soldado destacaba por su edad y noble porte, el General español
Gabriel de Mendizábal, ahora enrolado de infante y que quería demostrar quién
era después de ser degradado por cobardía en la batalla del Gévora.
Mientras el avance francés seguía con mucha lentitud,
porque aparte de las dificultades orográficas de las estribaciones de Sierra
Morena, las tropas galas están muy enfermas. Los médicos de Napoleón no daban
abastos con la cantidad de miembros de la soldadesca que enfermaban, cosa que
no sucedía con el generalato y la oficialidad.
Comenzaron a pensar, por el gran número de bajas, que
alguna enfermedad infecto-contagiosa estaba diezmando a los soldados. Náuseas,
vómitos, deposiciones diarreicas sanguinolentas, vértigos y otros síntomas que
acababan en convulsiones tetánicas, taquicardias paroxísticas, bloqueos con
parada y muerte. Algún galeno recordó en sesión médica, que sus homólogos
ingleses, viajeros en la India, describían una enfermedad endémica que se
transmitía por el agua principalmente y que llamaban cólera morbo, que años
después asolaría a medio mundo, diezmando en un alto porcentaje a la población
de la vieja Europa y ordenaron “matar el agua, pensando que ese era el vehículo
de trasmisión, pero la morbilidad no bajó a pesar de beber el agua hervida.
| Preparando la carga |
Los soldados, utilizaban las vainas del fruto de las
adelfas a modo de canutos que rellenaban de tabaco, mezclándolo con las
semillas plumosas que contenían. Tampoco conocían que cuando utilizaban ramas
de estas plantas para asar, hacían tóxicos los alimentos, no sabían en fin, que
todas las partes de estas plantas eran venenosas, hasta el punto que la miel
elaborada con el polen de sus flores, producían daños al organismo, porque toda
ella contenía un principio activo cardiotónico que actuaba en el cuerpo humano
y animal, produciendo un envenenamiento general y un siglo más tarde, sería
considerada como una de las plantas más tóxicas de la botánica ya que tal
sustancia perniciosa no era destruida ni por la acción del fuego.
Por fin, en la primera quincena del mes de Mayo, las
tropas han formado sus frentes, los aliados han tenido tiempo suficiente de
descansar y pertrecharse durante los días anteriores acampados en el pueblo,
los franceses llegan exhaustos y enfermos. Juan de Dios Soult, conquistador de
Badajoz, está al frente de las tropas invasoras y en su cuartel general reunido
con sus generales, Goudinot, Gazán, Girard, Werle…, todos temen el momento de
la batalla, sabiendo de las escasas fuerzas de las tropas sufrientes de la
orografía del camino, las inclemencias del tiempo y desconociendo completamente
que las culpables de la situación eran…las adelfas.
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